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FEMINISMOS: NO SOMOS NI SEREMOS JAMÁS LAS HIJAS DE BERNARDA ALBA   by Natalia Alonso Arduengo

“Durante millones de años las mujeres han estado sentadas en casa, y ahora las paredes mismas se hallan impregnadas de esta fuerza creadora, que ha sobrecargado de tal modo la capacidad de los ladrillos y de la argamasa que forzosamente se engancha a las plumas, los pinceles, los negocios y la política”. Virginia Wolf dixit. 

Los cimientos del espacio doméstico se resquebrajan y Feminismos, a modo de “habitación propia”, da buena cuenta de esa fuerza creadora de la que habla Wolf y que manifiestan las artistas seleccionadas. El ángel del hogar (la perfecta ama de casa, esposa y madre) ha dado un portazo y se ha emancipado. Las casas arquetípicas de Mónica Dixon, envueltas en atmósferas silenciosas y límpidas, empujan a reflexionar sobre la ambivalencia del hogar como refugio bachelardiano versus ámbito de reclusión patriarcal. El hogar onírico es posible que devenga en un lugar opresor y paralizante debido a las construcciones sociales heredadas (la crianza, los cuidados, las labores domésticas...). ¿Cómo es el espacio que habitamos? En “Ad Intus”, Romina Rivero nos enfrenta a esta pregunta a través de una instalación en la que recubre con pluma natural un ambiente. Modificando las paredes con una cobertura de plumaje descontextualiza y cuestiona la funcionalidad tradicional de nuestros entornos habitacionales.

Las cuatro paredes pueden ahogar y, esa falta de oxígeno, como si de una pesadilla se tratase, es captada por Cristina Aliste y la mujer que representa a los pies de unas vías de tren con una bolsa en la cabeza. No vemos su rostro, pero percibimos su agonía. La asfixia por la ausencia de un espacio propio, por las pautas de la sociedad androcéntrica establecida. Tampoco es posible ver el rostro de las “Mujeres en silencio” de Lucía Vallejo. Pliegues y más pliegues las invisibilizan y las callan. 

Pero ha llegado el momento de subvertir los órdenes establecidos. Es la hora de gritar que ya no somos ni seremos jamás las hijas de Bernarda Alba y de redefinir no sólo el ámbito privado, sino también el espacio público. Tras gritar mundialmente el #MeToo, a finales del 2018 la RAE incluyó la palabra sororidad en su diccionario. Esa agrupación generada por la amistad y la reciprocidad entre mujeres que comparten ideales y objetivos es abordada por Eva Agasa y Lina Ávila desde el concepto de la memoria y el recuerdo, rescatando del olvido. Empleando como soporte una sábana de ajuar parcheada, un objeto eminentemente vinculado al hogar, Eva Agasa representa a dos mujeres brindando por la sororidad y el empoderamiento adquirido. Por su parte, tomando imágenes encontradas de la Guerra Civil protagonizadas sólo por mujeres, Lina Ávila recurre al collage para poner en valor la hermandad femenina y el ámbito doméstico como “habitación propia”.

En la naturaleza y entre animales salvajes están las mujeres de la “Congregation” de  Consuegra Romero viviendo su sororidad de manera libre. Un aquelarre, dirán algunos; una reunión de brujas, dirán otros. El pensamiento patriarcal asocia lo masculino a la razón y la mente, mientras que lo femenino, en un nivel inferior, estaría vinculado al cuerpo, al mundo inestable de las emociones y a la naturaleza. El análisis de los mitos de la Antigua Grecia, cuna de la civilización occidental, lo confirma. María del Carmen Díez emplea el grabado para representar a Las Horas, divinidades mitológicas de la naturaleza, las estaciones y la fertilidad de la tierra, que son tomadas por la artista como figuras a partir de las cuales analizar los estereotipos de género.

Hombre/mujer, razón/emoción, conocimiento científico/saber tradicional, cultura/naturaleza, mente/cuerpo... este tipo de pares de opuestos definidos por el androcentrismo pesan, y mucho, en pleno siglo XXI. La fotógrafa Yolanda García a través de una estética potente y de tintes oníricos aborda los estándares y tabús asociados a las mujeres. En “El origen del mundo”, de clara referencia courbetiana, confluyen cuerpo, sexualidad y naturaleza. La tríada vinculada a lo femenino desde el origen de los tiempos.

Una figura híbrida, con cabeza de animal y cuerpo de mujer, es tomada por María Peña Coto como reclamo de libertad. La artista deconstruye las mitologías tradicionales y presenta a su propia divinidad sentada sobre la jaula que le fue asignada en función de los roles de género. Esta obra cierra “Feminismos” y reivindica que no queremos jaulas (auto)impuestas, ni físicas ni mentales. Queremos alas para volar, pinceles para pintar y plumas para escribir. 

https://www.arteinformado.com/magazine/n/feminismos-no-somos-ni-seremos-jamas-las-hijas-de-bernarda-alba-6304

© 2014 by Romina Rivero, contemporary artist  

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